14/07/2006
11/07/2006
De café y supermercado
Todo el mundo habla de fútbol. Me atrevo a preguntar si acaso los franceses no tienen jugadores franceses y me llevo un tremendo regaño. Racista, me dicen... Qué hipocrecía...
Me encuentro con una amiga de gran comunión, en el supermercado, naturalmente. ¿Por qué tuvimos que envejecer? es la queja... Pero luego, la sonrisa: ¿qué es lo único bueno de la vejez? Los nietos... Si no nos separan... aun estaríamos parloteando...
Otro día (en otro supermercado) me encontré con un ex... Se sumergió en recuerdos con notorias ganas de revivirlos. Incómoda y renuente, le pregunté con quien andaba. "Con mi nieto", dijo mostrando a un encantador onceañero... Bajo el orgullo y las anécdotas, mi amigo olvidó el coqueteo...
Los nietos siempre son un tema.
Uno de innumerables cafés compartidos con "mi hija adoptiva". Nos quejamos, citamos a Mafalda, mientras tratamos de sacudir la amargura de tanta injusticia de la vida diaria. Injusticias persistentes, crecientes y diarias... El café nos reconforta... y el abrazo... la comunión.
El café debería llamarse Esperanza.



