03/08/2006

Carén

Vas por un camino de tierra, paisaje semi seco y de pronto se abre ante ti un valle, un pequeño valle entre montañas, un río de aguas escasas pero de gran humor: se llama Río Grande (hasta aparece en el mapa, como afluente del Limarí).

Un pueblito de una sola calle: Carén. Un pueblito de veranos llenos de risas y canciones y amigos. Baños en la laguna, bailes improvisados, noches de pela y cuentos. Pueblo lleno de historia mía y de otros. De ahí salió mi abuelo paterno al Norte (naturalmente) a trabajar en el tendido del ferrocarril. Y su hermana mayor, mi abuela materna, quien partió en vapor a las salitreras casada con un muchacho oriundo de Quilitapia y trabajador en la pampa desde su niñez.

Ya no visito Carén por temor a encontrame con que la gente cambió. Y con que nadie saldrá a la puerta a preguntar qué noticias traemos del norte porque ahora todos tienen televisión. Y porque esa enorme luna llena ya no traerá romance sino puras nostalgias y habrá la punzada de mi primera pena de amor.

Era un muchacho sensible, fraterno, profesor... un chistoso del pueblo lo amotejó "plofesol chico", me imagino que por su juventud. Él me preguntaba ¿Será que me encuentra poca cosa?, pero lo aceptaba con sencillez. Amigo de todos, alegre, capaz. Se creía adulto a mi lado. Me enseñaba cosas sobre el cultivo de las paltas y las frutas de la temporada. Se reía de mi tono de voz y de mi pelo, largo y con chasquilla siempre cortada chueca, lo que le daba un pretexto para tocarla y jugar. Importante oportunidad en tiempos y lugar (pueblo de una calle, no olvidemos) en que los cortejos no eran privados y sí muy lentos y bajo vigilancia.

Se llamaba Renato y nunca más conocí a alguien con ese nombre ni con esa voz. Me regaló mi primer beso bajo la luna en una esquina con la complicidad de sus amigos quienes rompieron ese único farol. En el próximo verano me abrazó con cierta urgencia, una rara tristeza, ojos enamorados y me pidió que me casara con él.

Le pedí que me esperara, quería terminar de estudiar. Nunca supe por qué no pudo y terminó casándose con otra. Casado para siempre y supongo que feliz. Hace mil años de eso, sin embargo, quisiera encontralo algún día, antes de la partida, para devolverle su abrazo y decirle que sí.

Quizá para eso podría volver a Carén.

Posted by cecilia castillo at 20:10:43 | Permanent Link | Comments (3) |