Vamos al cine, tímidamente aventura mi amiga en la oreja de su cónyuge. ¿Y por qué, estás aburrida!! , responde él, cómo en sospecha. No…, es sólo que tengo ganas de ir al cine, sólo ir al cine.
A ver, pero para qué, devuelve él, si tenemos cable. No entiendo. Bueno, nooo es lo mismo. Vestirse arreglarse salir juntos ponerse a la fila de las entradas comprar las palomitas ver las “sinopsis” disfrutar la sala oscura y fresca…
La cara de él no deja lugar a mayores discusiones. Simplemente no entiende…
Mi amiga, días después, le anuncia que se va a juntar con su amiga, la Blanquita, te acuerdas, en el mall para tomarse un café y copuchar. Esto, su marido Sí lo entiende y la despide sonriente y cómplice y ni siquiera reclama porque ella pasó tres horas y media fuera de la casa.
Con la Blanquita, ¡mis polainas! como diría McPato.
Mi amiga estuvo tres horas en la fresca oscuridad del cine, abrazada por el galán de turno. Brad Pitt, creo que era esa semana….
Ella miente descaradamente…. aunque debo reconocer que no deja de sentirse un poco culpable cuando le van quedando las últimas dulces “palomitas”…
Ella también es de las últimas….humana/os que van quedando para quienes ir al cine es realmente una bella aventura.