Para muchos de mi generación Clint Eastwood fue “Clint Eastwito”, ídolo solamente superado por Gene Autry y el Llanero Solitario en las tierras secas del romántico Far West de nuestra imaginación.
Claro que, hablando en serio, su evolución profesional está a todas vistas y su pensamiento alternativo también ( si no pregúntenle a “Oscar”).
Ante la tentadora oferta de Las cartas de Iwo Jima, se nos hizo imprescindible ver antes su hermana "Conquista del Honor" (increíble traducción de Banderas de nuestros padres o Nuestros símbolos patrios).
La experiencia fue agradable y muy interesante y como resultado yo recomendaría esta película a quienes NO se les ocurra creer a comentarios como este: En medio de esta contextualización, Eastwood se mueve dando cuenta de la cruel dicotomía que existe entre un pueblo ciego y eufórico y el íntimo e inexpresable horror que sienten los soldados partícipes del fraude mediático. Como es costumbre en el director, el tono es sobrio y oscuro, remarcando la convicción de absurdo y desvínculo entre una nación manipulada y soldados que no son héroes y que jamás han deseado serlo.
También recomendaría la película a quienes NO busquen en una película de guerra sólo “la acción”, ni tampoco una crónica inequívoca de los hechos, sino más bien quienes sean capaces de analizar los hechos históricos dentro de su contexto, y de disfrutar de un relato bien hecho con el que se puede o no estar de acuerdo.
Ah!!! Hay que quedarse en la butaca hasta el final, ya que, junto con los créditos, viene una colección de fotografías de archivo imperdibles.
Para ver La cartas desde Iwo Jima espero que los comentaristas de cine nacionales hayan oído algo hablar del código Bushido, y ojalá no nos defraude el Bueno y nos muestre unos japoneses ni tan Malos ni tan Feos.