Estas cosas sólo pueden ocurrir en Iquique
¿No tiene nombre?
… y cuida tu palabra;
El adjetivo, cuando no da vida, mata.
Vicente Huidobro
La persona que representa al gobierno de Chile en nuestra región, el señor intendente, ha calificado de “sin nombre” las actitudes de profesores y estudiantes que interrumpieron el acto del 20 de mayo, evento siempre significativo para nuestro Iquique.
En el primer caso, un lienzo desplegado por un grupo de dirigentes del Colegio de Profesores ameritó que, no sólo se les bajara el trozo de tela para que no pudiera leerse el texto, sino que además se detuviera, haciendo uso de la fuerza, a dos profesores.
No entiendo por qué a esta acción no se le pueda otorgar un “nombre”. Para el caso, es más útil un adjetivo. Según la postura ideológica de cada persona que presenció esta acción, ella podría calificarse de inoportuna, inadecuada, inútil, ¿peligrosa?. O bien, oportuna, adecuada, útil, ¿valiente?. Depende de cada quien.
Respecto de la acción de los estudiantes, también pueden encontrarse numerosos sustantivos o nombres, además de abundantes adjetivos, según, como decíamos antes, la postura ideológica de cada espectador. Un periódico local emite varios adjetivos: violenta, repudiable, vergonzosa… Quienes estén a favor de esta acción o la entiendan aun sin compartirla, pueden evaluarla con otro tipo de epítetos, seguramente no tan negativos.
En lo personal, no entiendo que cause extrañeza en nuestra comunidad el que se trate mal a los profesores. Ni en nuestro país ni en otros muchos, ha sido costumbre el tratar a sus docentes con el respeto y consideración que corresponderían a la importante labor que desempeñan, independientemente de quienes estén en los gobiernos.
Tampoco, me puede extrañar que no se escuche a los adolescentes cuando plantean sus inquietudes. Ya sea que lo hagan de forma indeseable, torpe o mal preparada o que se manifiesten de manera correcta, asertiva y caballerosa, los adultos generalmente cerramos nuestros oídos y no esperamos que de niños o jóvenes venga nada bueno. Para eso estamos nosotros, para decirles siempre lo que deben hacer.
Lo que sí me asusta, además de sorprenderme, es que, nuestra máxima autoridad regional, quien de profesión es docente de educación básica, apruebe o no repruebe la decisión (¿quién la tomó?) de arrojar bombas lacrimógenas en un lugar repleto de niños, algunos muy pequeños, causando un descalabro mucho mayor que el “empañar una fiesta cívica”. Someter a niños y público en general, inocentes de toda inocencia a tragar los desconocidos elementos químicos que contienen estas bombas, a tener que correr escapando del lugar de los hechos con riesgos para su integridad física; esto, que no tiene relación alguna con los profesores o estudiantes “culpables” de la provocación, no resiste ningún análisis.
Y claro, esto sí que no tiene nombre.
Cecilia Castillo

