01/08/2008

ACERCA DE MARIO BAHAMONDE NUESTRO INOLVIDABLE DESCONOCIDO

                                                                          Cecilia Castillo

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Análisis Pretendidamente Derridiano de En la

Noche y con los Ojos Abiertos

 

 

Abstract

 

En el cuento, En la Noche y con los Ojos Abiertos,  el segundo del libro de Mario Bahamonde De Cuan Lejos Viene el Tiempo, se analiza con un enfoque post estructuralista la presencia del paisaje que podríamos llamar propia o impropiamente "nortino" y que se perfila con una fuerza tal que obliga a considerarlo personaje literario.

 

Pretendo subvertir el componente central o privilegiado del análisis literario esperable de un cuento. No estoy interesada en el relato, la anécdota, lo contado. Abordaré la lectura en cambio interrogando a las palabras para descubrir lo que muestran y más aun lo que no manifiestan de manera explícita pero que está presente y quiero develar para mi y para ustedes. Este sería un análisis deconstruccionista. Pero, prefiero llamarlo derridiano para no olvidar que Derrida me advierte del peligro de convertir este nuevo componente (el que considero en mi análisis)  en central o privilegiado en desmedro de los componentes de otros análisis, y que me conlleva entonces a aceptar que tanto mi lectura como las anteriores y las futuras son igualmente posibles y es necesario que existan  "en juego libre". Ninguna privilegiada, ninguna marginada.

 

 

 

 

Lo que me motivó a revisar este cuento, el segundo en De Cuan Lejos Viene el Tiempo, es la presencia del paisaje que podríamos llamar propia o impropiamente "nortino" y que se perfila con una fuerza tal que obliga a considerarlo personaje literario.

 

Estudiosos de la literatura nortina insisten en mencionar el paisaje como elemento necesario o inevitable en la producción de sus escritores más representativos.

 

Leo por ejemplo:

 

A Sergio Gaytán:

"Bahamonde, entonces, se incorpora con un texto de homenaje a la tierra que lo vio nacer y morir: el desierto del norte de Chile"

 

"Canta a la pampa, al desierto; lo explica, lo describe y enuncia la gesta de los hombres que deberán enfrentar esta hosca geografía".

 

A Bernardo Guerrero:

"...ha sido Lautaro Núñez, entre otros, quien más ha insistido en el carácter epopéyico de la ocupación en el desierto más árido del mundo. De hecho, la domesticación del desierto -tanto por los primeros hombres y mujeres que lo habitaron hace más de diez mil años, pasando por los aymaras, para llegar a las ocupaciones más tardías- señalan la existencia de una conciencia de hallarse en un medio especial. Basta leer la literatura nortina y, en especial, la obra de Mario Bahamonde, Nicolás Ferraro o Andrés Sabella, para confirmar lo ya dicho. En el lenguaje nortino se habla de la pampa y no de desierto. La pampa es el territorio humanizado."

 

Acerca de su propia relación con este paisaje dice  Hernán Rivera:

"El desierto es fuente de inspiración por antonomasia. Es una zona que nos obliga a encontrarnos con nosotros mismos. A escucharnos. Recuerda que Cristo antes de evangelizar a su pueblo, se internó en el desierto por varios días. Tengo una teoría. Las personas que se deprimen, que no les gusta el desierto, temen a encontrarse consigo mismas. Prefieren la algarabía. Desentenderse de sus sentimientos".

 

Interrogo entonces al texto, para ver en qué palabras específicas se me revela el paisaje. Encuentro: pampa, tierra, desierto.

 

La palabra pampa está utilizada en más de un sentido o connotación.

 

El primero, y que expresan estas oraciones extraídas del cuento, podría entenderse como: oficina salitrera especifica y su entorno.

 

Desde que iniciamos los cateos de esta nueva pampa

 

Soy jefe en esta pampa y sé que no debo amedrentarme

Tenia en la cabeza el mapa completo de esa pampa

 

Y ahora vivía en esta nueva pampa como en una cárcel sin rejas

 

El segundo parece ser la acepción que encontramos en el diccionario del mismo autor y el uso que los nortinos damos a la palabra hoy.

PAMPA. Geo. Zona desértica del norte del país. Se refiere especialmente a la antigua región salitrera (pampa salitrera)

 

 

¿Qué me importaba a mi que el marido de esta mujer estuviera botado en la pampa?

 

Y seguro que algún percance lo tiene botado en la pampa.

 

Parece que fuera una pampa maldita donde a los hombres les hierve la sangre de repente

 

 

Pero, encuentro aun un tercero, que es el que despierta mi interés. Veamos:

 

Quizá sea la tierra o la fiebre sedienta del sol, pero a los hombres les ocurre algo raro cuando la pampa abrasa mucho tiempo sus rastros aburridos.

 

Repentinamente la pampa se había apoderado de nosotros para aplastarnos con su dormida actitud agazapada

 

¿En tal forma la estéril pampa secaba los mas elementales sentimientos humanos?

 

La pampa dormía en un profundo reposo de cansancio.

 

Una mujer entre doce hombres en medio de esta pampa rabiosa y amarga.

 

 

Hay aquí claramente una personificación en la que pampa resulta alguien que abrasa, rabia, seca, duerme, se agazapa, se apodera, y el sentido o connotación de la palabra en este caso se asemeja o iguala con el de la palabra tierra en su uso en este cuento.

 

 

La tierra le había mostrado sus durezas rebeldes

 

Y por un rato las tres caras de los hombres rompieron la oscuridad para mirarse con un duro gesto rencoroso.  Cuando la tierra se revuelca rabiosa, conmovida hasta sus raíces por el ronco gemido de la dinamita también debe tener esta cara. Pero la tierra se abre para mostrar las colpas deshechas de caliche y ellos, en cambio, solo mostraban las vetas amargas del odio.

 

Cuando Sofanor se muera, esa tierra va a pedir que lo tiren lejos: no vaya a ser cosa que le toque soportarlo de nuevo.

 

Pero la verdad es que esta tierra tuerce el corazón de los hombres

 

La tierra agazapada carecía de realidad en su profundo silencio.

 

Tierra que también rabia, se agazapa, se revuelca, soporta, tuerce el corazón de los hombres.

 

Tierra que no se corresponde con ninguna de las diez acepciones del diccionario:

 

tierra. (Del lat. terra). 1. f. Planeta que habitamos. ORTOGR. Escr. con may. inicial . La órbita de la Tierra está situada entre la de Venus y la de Marte. 2. f. Parte superficial del planeta Tierra no ocupada por el mar. 3. f. Material desmenuzable de que principalmente se compone el suelo natural. 4. f. Suelo o piso. Cayó a tierra. 5. f. Terreno dedicado a cultivo o propio para ello. 6. f. Nación, región o lugar en que se ha nacido. 7. f. País, región. 8. f. Territorio o distrito constituido por intereses presentes o históricos. 9. f. Conjunto de los pobladores de un territorio. Apaciguar, sujetar la tierra de Granada. 10. f. Electr. Masa conductora de la tierra, o todo conductor unido a ella por una impedancia despreciable.*[1]

 

Curiosamente, la palabra desierto tiene escasa presencia en el cuento. (Recordemos que estos son "cuentos del desierto")

 

Aquí aprende uno a endurecer el cuero y a dejarlo insensible como la costra del desierto.

 

 

Se valida la afirmación de Bernardo Guerrero: "En el lenguaje nortino se habla de la pampa y no de desierto. La pampa es el territorio humanizado."

 

En el texto que reviso, pampa y tierra son un mismo personaje. La pampa/tierra es un personaje femenino, comparable tal vez con "la mar" de pescadores y marinos. Este personaje permea y llena un espacio masculino. No se puede prescindir de ella. La pampa/tierra es la madrastra cruel que cobra caro por el alimento que proporciona y al mismo tiempo la hembra forzada que a regañadientes se abre para entregar su fruto:

 

Cuando la tierra se revuelca rabiosa, conmovida hasta sus raíces por el ronco gemido de la dinamita también debe tener esta cara. Pero la tierra se abre para mostrar las colpas deshechas de caliche y ellos, en cambio, sólo mostraban las vetas amargas del odio.

 

Hay en el cuento otra presencia femenina que (a)parece ajena al mundo masculino o forzosamente agregada a este : "Y no es que se me ocurra pensar que las mujeres son un estorbo pero la verdad es que preferiría ver a los hombres solos". Esta única mujer presente en el cuento es apenas descrita y adjetivada sin aprecio: tiene "voz hueca", "ojos huecos". "chilla", "este alambre", "viejo esqueleto ambulante". Sin embargo se le atribuyen  poderes que los hombres no tienen:

 

"Nunca he podido entender qué maravilloso instinto tienen las mujeres para adivinar las cosas de los hombres".

 

Pareciera entonces que Rubi, la mujer del cuento, está allí para reforzar (¿tal vez como el CORO de la tragedia?) la existencia del personaje principal que domina el cuento: la pampa. La mujer es como ella: flaca, seca, hueca, pero también es "la que sabe", la que salva, la que mantiene la vida. ¿Es entonces la pampa una/la mujer? ¿Es la moira o una fata ? 

 

Me quedo con más preguntas, pero con el placer de haber, con mirada propia, desde mi ser y experiencia de mujer nortina, disfrutado de  una prosa de riqueza y belleza tal que sólo podía ser obra de un poeta. Poeta que me ha vencido y obligado a rechazar cualquier tentación de realizar un análisis feminista, para permitir que la palabra escrita me  hablara desde sí misma.

 

Sin embargo, me seguirá atrayendo preguntar ¿Qué es la pampa? Qué es para quienes hemos sido y estado con ella, en su geografía y su historia. Qué es para otros, que vinieron hasta ella brevemente y sintieron su embrujo. Como lo expresa un cuentista estadounidense que escribiera en 1929:

 

"También le gustaba la pampa, aunque no había resultado ser lo que él esperaba. Los libros la definían como vastas praderas cubiertas  por la exótica vegetación alta y alargada que se conoce como "pampas grass" en los Estados Unidos. En la pampa salitrera, en cambio, no había ni una brizna de pasto. No había ni un cactus o arbusto para levantar el ánimo, sólo la interminable arena de tonos variados con un delgado horizonte de montañas azules."*[2]

 

Para mí la pampa podría ser la historia viva, la historia familiar. Mi relación con el paisaje. Es mi abuelo saliendo a los doce años de su pequeño valle donde está protegido, abrigado, flanqueado por dos cerros enormes, y llegando, luego del eterno viaje en "vapor", a la inmensidad grisácea del desierto, donde se siente atrapado e indefenso pero donde también va a obtener el sustento para los suyos.

 

Son mis abuelos y mis padres convirtiendo ese desierto en pampa - "territorio humanizado"- pero sin cortar jamás el vínculo con los pequeños y empobrecidos espacios del Limarí, tierra madre, mágica e inolvidada.  "Quiero ir a Carén", dirá cada uno de ellos antes de morir.

 

Porque dicen mis amigos que el norte es uno sólo, que qué es eso de "grande" y "chico". En realidad no lo sé. Pero qué bueno poder conversarlo y discutirlo. Qué bueno recorrer con Mario Bahamonde la Ruta Panamericana (Viajar en avión no es viajar, es ir). Ojalá sí, subirse en Arica y llegar hasta Ovalle, o quizá un poco más allá por ambos extremos, total, por esos lados también vive  gente de greda...

 

 

 

 

 

Presentada en Antofagasta el 19 de abril de 2004 en el “Segundo Encuentro Mario Bahamonde y la Literatura del Norte”, organizado por la Corporación Mario Bahamonde

 



[1] Real Academia Española. Diccionario de la Lengua Española. Vigésimo Segunda Edición.

[2] "He liked the pampa, too, although it was not what he had expected. Books had led him to believe that "pampa" signified vast prairies covered with tall exotic plumy vegetation known by the name of "pampas grass" back home in the United States. The nitrate pampa was guiltless of grass of any sort. There was not so much as a cactus or a bush to gladden the eye- only an endless rolling waste of varicolored sand edged with thin blue mountain silhouettes".

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25/07/2008

Una fábula de hoy, aunque no tan triste

                     EL LEÓN DUERME ESTA NOCHE, COMO DICE LA CANCIÓN

                                                                                         Una fábula de hoy, aunque no tan triste



Pocos animales salvajes van quedando. Qué lástima. Verlos en su habitat es casi imposible para las nuevas generaciones. Pero esta historia es para ti. No para niños.

Había una vez un león dormido en un rincón de la selva africana. Quieto como gato de palo. Dormido y frío, con sus funciones corporales reducidas al mínimo para conservarse vivo.

Una tarde, pasó el hombre por esos lugares. Transpiraba, después de haber caminado mucho y se sentó a descansar. Corría un hilillo de agua junto a los matorrales. El hombre mojó su pañuelo y se refrescó suspirando. Era él, en todo caso un hombre bastante feliz. Tenía su vida muy bien planificada, y aun cuando algunas veces, muy pocas veces, sentíase un poco solo, la mayor parte del tiempo estaba conforme de cómo su vida iba avanzando.

El hombre miró al león y le sorprendió lo quieto que estaba. Era un león con cierto encanto, cierto misterio, y no era feo.

El hombre quiso saber como miraba el león y como sonreía. Por lo tanto empezó a acariciarlo suavemente con el dorso de su mano. Los pelitos de la piel del león comenzaron a moverse. El hombre entonces usó la palma de su mano para acariciar al león. La piel del león entonces comenzó a entibiarse. El hombre abrazó cuidadosamente la cabeza del león. El león, entonces, se levantó y se estiró cuan largo era desperezándose… Miró al hombre a los ojos y se quedó enganchado en su brillo y color. Se acercó un poco más y un poco más hasta que el hombre se sintió incómodo y hasta un poco invadido…

Para, para, para…
dijo el hombre, ¿qué estás haciendo, león…?

Abrazarte, dijo el león avanzando sobre el hombre, abrazarte, conocerte, convertirte en mi amigo.…

El hombre asustado y nervioso, retrocedió… Él era un hombre con una vida sólida, planificada , exitosa. Lo menos que necesitaba era esa enorme dosis de aventura que le ofrecía una selva y un león.
El león, quien además de ser león es un ser inteligente y muy sensible, miró al hombre a los ojos y le dijo:

Cuando tú veas a un león dormido, no lo despiertes si no tienes tiempo ni ganas de jugar con él. El león, una vez despierto, no podrá ya nunca olvidarte, soñará a menudo con tus caricias y tú, a tu pesar, también lo recordarás de cuando en cuando y será como una espina en tu piel…
Siempre serás responsable de haber despertado a un león….


El hombre, con la mirada huidiza, fastidiado, quizás molesto, retomó el sendero y regresó a su equilibrada vida…

Su mujer cuenta a veces, a los amigos, que le parece raro que de pronto, su marido le haya tomado aversión al color amarillo, a los documentales sobre la selva y… rarísimo, que haya dejado de tomar café.

C. Castillo


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15/11/2007

Mi generación

Un alumno de primero medio me preguntó, ¿Qué quieren decir ustedes tía (ya no profe, ahora tía) cuando hablan de “mi generación”?

Terrible. Me dio un poco de vergüenza, así es que me contesté solo para mi misma: Mi generación, los que conocimos la televisión después de los 20. Y que no encendíamos la radio antes de pedir permiso, y esperábamos al papá para que pusiera el tocadiscos porque cuidado con la aguja.

Los que tecleábamos en máquinas mecánicas a las que había que ponerle cinta y papel calco entre las hojas. Y las multicopias las hacíamos en una cajita con gelatina. Porque no había fotocopiadoras ni impresoras y el papel era de papel y no de plástico.

Los que llevábamos un bolsón heredado al colegio, con libros también heredados, cuadernos verdes y plumas R.

Los que disolvíamos el shampoo Sinalca en una taza vieja con un poquito de agua, y alguna vez usamos Glostora y Petróleo Petrizzio.

Los que en lugar de protestar porque el computador “no se abre” pronto, teníamos la paciencia de esperar una semana entera al “Zunco” con el Peneca para saber si el Príncipe Valiente había encontrado o no a Genoveva.

Las que teníamos que almidonar imposibles camisas de popelina porque aun no llegaba el “wash and wear”. Y zurcimos calcetines que eran carísimos porque estaban hechos de hilo o algodón.

Los que aprendimos a hablar por teléfono con el estómago apretado de timidez preguntando a la misteriosa telefonista: ¿Me comunica con el número xxx por favor señorita?

Las que nos casamos antes vivir juntos y antes de tener hijos, a los que les pusimos pañales hechos de lienzo por nosotras mismas, los que lavábamos a mano y con jabón. Les rallamos zanahorias para hacer el jugo que les dábamos en un “patito”.

Hacíamos la masa de la pizza , las empanadas y las sopaipillas. Comíamos papitas fritas directamente de la sartén. Fabricábamos nuestra propia mayonesa, la salsa de tomates, el dulce de membrillos y la mermelada. El flan de leche, el budín de pan y las tortas. El puré prensando papas verdaderas y las humitas moliendo choclos y ordenando chalas. Porque comer afuera era algo sólo visto en las películas.

Los que saludábamos a las vecinas y les dábamos la pasada y el asiento a los viejos, a quienes no llamábamos viejos y los tratábamos de usted.

Mi generación es la generación perdida. Los que fuimos criados y educados para un mundo que ya no existe, porque cambió de repente, deslizándose bajo nuestros pies.

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26/01/2007

EN EL SITIO DE MONTEPATRIA ENCONTRÉ...

Los primeros indicios que tenemos del pueblo de Carén datan del siglo XVIII, en un testamento del año 1773 el que comprendía toda el área del Río Mostazal. En la época colonial Carén fue una de las Diputaciones que conformaban el antiguo corregimiento de Coquimbo. Con la creación del Departamento de Ovalle el año 1831, paso a ser subdelegación la que se comprendía en seis distritos, el pueblo de Carén en 1854 registro la cantidad de 300 vecinos y las antiguas construcciones son de adobes y aun se conservan en perfecto estado dando cuenta del pasado colonial de esta localidad.

Entre los atractivos que posee esta localidad destaca la Iglesia Nuestra Señora de las Mercedes, Iglesia fundada en 1824 por el Obispo de Santiago Sr. José Santiago Rodríguez Zorrilla y Construida principalmente en pino Oregón y Álamo. En su interior se conservan valiosas imágenes sacras traídas desde España, todas en tamaño natural hechas en madera policromada de una sola pieza. Se realiza la celebración de Misa todos los Domingos al medio día. Para visitarla dirigirse a la casa Parroquial a un costado de la Iglesia.

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03/08/2006

Carén

Vas por un camino de tierra, paisaje semi seco y de pronto se abre ante ti un valle, un pequeño valle entre montañas, un río de aguas escasas pero de gran humor: se llama Río Grande (hasta aparece en el mapa, como afluente del Limarí).

Un pueblito de una sola calle: Carén. Un pueblito de veranos llenos de risas y canciones y amigos. Baños en la laguna, bailes improvisados, noches de pela y cuentos. Pueblo lleno de historia mía y de otros. De ahí salió mi abuelo paterno al Norte (naturalmente) a trabajar en el tendido del ferrocarril. Y su hermana mayor, mi abuela materna, quien partió en vapor a las salitreras casada con un muchacho oriundo de Quilitapia y trabajador en la pampa desde su niñez.

Ya no visito Carén por temor a encontrame con que la gente cambió. Y con que nadie saldrá a la puerta a preguntar qué noticias traemos del norte porque ahora todos tienen televisión. Y porque esa enorme luna llena ya no traerá romance sino puras nostalgias y habrá la punzada de mi primera pena de amor.

Era un muchacho sensible, fraterno, profesor... un chistoso del pueblo lo amotejó "plofesol chico", me imagino que por su juventud. Él me preguntaba ¿Será que me encuentra poca cosa?, pero lo aceptaba con sencillez. Amigo de todos, alegre, capaz. Se creía adulto a mi lado. Me enseñaba cosas sobre el cultivo de las paltas y las frutas de la temporada. Se reía de mi tono de voz y de mi pelo, largo y con chasquilla siempre cortada chueca, lo que le daba un pretexto para tocarla y jugar. Importante oportunidad en tiempos y lugar (pueblo de una calle, no olvidemos) en que los cortejos no eran privados y sí muy lentos y bajo vigilancia.

Se llamaba Renato y nunca más conocí a alguien con ese nombre ni con esa voz. Me regaló mi primer beso bajo la luna en una esquina con la complicidad de sus amigos quienes rompieron ese único farol. En el próximo verano me abrazó con cierta urgencia, una rara tristeza, ojos enamorados y me pidió que me casara con él.

Le pedí que me esperara, quería terminar de estudiar. Nunca supe por qué no pudo y terminó casándose con otra. Casado para siempre y supongo que feliz. Hace mil años de eso, sin embargo, quisiera encontralo algún día, antes de la partida, para devolverle su abrazo y decirle que sí.

Quizá para eso podría volver a Carén.

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18/03/2006

Pasamontañas


Si él ocultaba su cara, yo ocultaré su nombre. Inventemos que se llamaba Pascual. No digamos que ocultaba su cara por miedo. Inventemos que lo hacía por desafiar. O porque tal vez admira al Sup y quiere parecerce a él. O porque al mirarse al espejo ve su futuro en la cara y no quiere de antemano sufrir, que ya suficiente tiene con lo de hoy.

Sonrío cuando me ofrece lustrar mis botines y le digo que no: reclamo que son amarillos, que los lustré esta mañana y que va a llover. Pero me lanza un argumento copiado de por acá "Hágalo entonces por cooperar" y me tengo que rendir.

Habla de política, Evo, naturalmente, mientras embetuna concienzudo, le cuento que es la primera vez que me lustran en la calle y que en mi tierra es cosa de hombres y que cuéntame de ti. Abre su corazón desgranando las palabras, palabras firmes de orgullo, palabras serenas de algo como fe. Le digo que es la persona más gentil que he conocido en La Paz (y no es que me hayan tratado mal) .Se limpia la mano y estrecha la mía. Sus ojos me muestran mil años cuando lo miro por última vez.

Adivino su sonrisa mientras levanto la cara hacia la lluvia, usted sabe, para disimular...

 

 

Posted by cecilia castillo at 01:52:17 | Permanent Link | Comments (1) |

Es el último amor el que nunca se olvida


En realidad nunca supe quien fue mi primer amor. Tal vez fuera el niñito del banco de al lado, en segundo de primaria, que se llamaba Jaime Valencia y cuyos regalos, consistentes por lo general en un sacapuntas o un pedazo de su pan, mi madre me obligaba a devolver. O tal vez fue Renato a mis dieciocho años quien al final se casó con otra porque yo nunca , porque “qué iba a decir mi papá”. No sé en verdad cuando fue la primera vez que me enamoré.

Pero de la última, ah, de esa sí que no tengo dudas. Es el último amor en realidad el más importante en la vida de un ser humano. Y yo lo tuve cuando escaseaba ya seriamente la fe. Y lo supe apenas lo vi. Antes de besarlo me dolía la boca, y no pude decirle “Jamás voy a volver a amar como te amo a ti”. Lugar común elevado a máxima en bronce, o en piedra…

Tenía ojos claros de navegante genovés y alma atormentada de prisionero en tierra. Brazos de artesano, dedos de caricia. Mi forma calzaba en su forma, su olor calzaba en mi olor. Si no hubiera partido tan lejos de mis manos, todavía estaría bañando en ese lago toda mi piel.

Pero, mientras ponía el saco sobre su espalda, miró hacia atrás y me dijo que nunca había sabido sazonar bien el pescado, y que algo le faltaba a mi café. Y que jamás entendería que yo amara tanto la luna, si lo que él más necesitaba era el sol… y sus piernas se fueron alargando hacia el horizonte, y las mías se doblaron al revés…Fingí que creía en sus palabras, una buena explicación para la vecina e incluso para mí.

No es que esté sola, hay tantas otras formas de amar. Pero, hembra, nunca he vuelto a ser. Y, cada año que pasa, a este, mi último amado, lo quiero más. Sonrío y le agradezco sus palabras de despedida, porque en el fondo, siempre supe la verdad. Y es que nunca estuve a su lado cuando a la Soledad él quería lejos; y otras veces, tantas, lo estorbé con mis besos cuando él necesitaba, sólo a Ella hacerle el amor.

A veces, lo diviso bajando de su nave, la chaqueta al hombro, la nube en su frente, y un leve, leve remedo de sonrisa. Creo que sabe que sigue siendo mi compañero. Será su nombre en mis labios al momento del despegue, el secreto que nadie roba, el gesto que nadie ve. Mi amor es mío, cierto, y mi tristeza, sí, como la de Favio ¿se acuerdan?. Mi tristeza es mía, mía y nada más…

Posted by cecilia castillo at 01:04:48 | Permanent Link | Comments (3) |